Me ha impactado el título del artículo Our Universities: Why Are They Failing?. Si se habla de fracaso universitario en un país como los Estados Unidos, tantas veces puesto de modelo, algo realmente preocupante está ocurriendo con nuestras universidades.He compartido con algunos colegas el citado artículo y me han enviado sus reflexiones. Alguno de ellos me comenta que, sencillamente, se está expresando un estado de ánimo sobre la universidad norteamericana que va tomando forma en la opinión pública. Basta recordar las recientes propuestas de algunos directivos de empresas tecnológicas advirtiendo de los riesgos de una "burbuja educacional" (ver artículo Wharton ¿es una buena inversión ir a la universidad?) y recomendando una vía emprendedora al margen de las universidades.
La crisis, las empresas y las universidades
Llevo muchos años defendiendo que las universidades deben ser protagonistas en la sociedad del conocimiento y la necesidad de asumir ese papel activamente con capacidad de liderazgo y un sentido del compromiso social creíble, con resultados cuantitativamente relevantes. No hacerlo puede conllevar altos costes para nuestras empresas y nuestra sociedad en general, aparte de un lógico descrédito de nuestras instituciones académicas.
Si en Estados Unidos se habla de fracaso, un país donde su sistema universitario tiene referentes de éxito espectaculares en todo el mundo, donde sus universidades lideran los rankings internacionales, impulsan con éxito star-ups, empresas tecnológicas, buenas prácticas de transferencia de tecnología, ecosistemas de innovación... quizá deban saltar las alarmas y reflexionar críticamente sobre nuetros modelos, sus limitaciones y resultados.
Debemos tomar en consideración que el conformismo nos puede jugar una mala pasada. Todo parece señalar que el grado de exigencia social se han incrementado considerablemente y que a las universidades no les basta con seguir ritmos históricos de innovación, cambio o mejoras tendenciales históricas en su actividad docente e investigadora. Debemos salir de nuestras torres de marfil.
La actual mezcla de crisis económica y muestrario de debilidadades e incoherencias políticas y sociales adjuntas parece remover percepciones y cimientos antes incuestionables. Nuestra sociedad digital es más consciente y más exigente. La web social le permite tomar conciencia y compartir experiencias y soluciones. Las universidades deben prestar la mayor atención a la sociedad digital, algo repetido desde mil foros, pero a lo que parecen insensibilizadas las universidades que quizá guardan formas pero no llegan al fondo que el asunto exige.
Las universidades españolas y cinco millones de parados
La actual mezcla de crisis económica y muestrario de debilidadades e incoherencias políticas y sociales adjuntas parece remover percepciones y cimientos antes incuestionables. Nuestra sociedad digital es más consciente y más exigente. La web social le permite tomar conciencia y compartir experiencias y soluciones. Las universidades deben prestar la mayor atención a la sociedad digital, algo repetido desde mil foros, pero a lo que parecen insensibilizadas las universidades que quizá guardan formas pero no llegan al fondo que el asunto exige.
Las universidades españolas y cinco millones de parados
Dadas estas circunstancias cabe suponer pues que la "presión social" hacia la universidad será, más tarde o temprano, mucho mayor en un país como España con cinco millones de parados y unas expectativas de mayor desempleo en un futuro próximo. Es lógico de la sociedad exija una definición actualizada del rol de la institución universitaria, así como la eficiencia de sus "respuestas" a la situación del mercado de trabajo. En esa redefinición universitaria entran a mi juicio algunas cuestiones inaplazables. Pero el problema será quién, cómo y cuándo se llevará esta redefinición. Y, más concretamente, si se respetará la autonomía universitaria en este proceso.
Hay preocupantes indicios de una separación cada vez más peligrosa con nuestro entorno social. Siempre ha existido una distancia importante entre la cultura universitaria y la empresarial, pese a la buena voluntad puesta por ambas partes; pero cada vez es más evidente que exite una brecha digital entre una sociedad cada vez más 2.0 y una universidad anclada en buena parte en el 1.0 y sin capacidad para "reiniciarse".
En estos últimos años y coincidiendo con las duras exigencias de la crisis se ha ampliado la brecha entre la universidad y la empresa a la que he aludido. Las culturas en muchos casos son antagónicas y las medidas para remediarlas insufientes e ineficaces. Cierto que las Escuelas de Negocios o algunas universidades privadas han hecho esfuerzos en algunos casos muy relevantes (muy meritorio lo de la EOI en la vertiente digital, por cierto). Pero una buena parte de la universidad pública española no ha reaccionado en suficiente medida a través de los instrumentos puestos a su alcance: OTRIS, fundaciones empresa, empresas de base tecnológica, emprendeduría, parques científicos, etc. etc. Es difícil saber si el problema está en los instrumentos y su regulación o en las propias instituciones. Pero quizá ya no es el tema en estos momentos.
Las políticas universitarias de los próximos meses
Hay preocupantes indicios de una separación cada vez más peligrosa con nuestro entorno social. Siempre ha existido una distancia importante entre la cultura universitaria y la empresarial, pese a la buena voluntad puesta por ambas partes; pero cada vez es más evidente que exite una brecha digital entre una sociedad cada vez más 2.0 y una universidad anclada en buena parte en el 1.0 y sin capacidad para "reiniciarse".
En estos últimos años y coincidiendo con las duras exigencias de la crisis se ha ampliado la brecha entre la universidad y la empresa a la que he aludido. Las culturas en muchos casos son antagónicas y las medidas para remediarlas insufientes e ineficaces. Cierto que las Escuelas de Negocios o algunas universidades privadas han hecho esfuerzos en algunos casos muy relevantes (muy meritorio lo de la EOI en la vertiente digital, por cierto). Pero una buena parte de la universidad pública española no ha reaccionado en suficiente medida a través de los instrumentos puestos a su alcance: OTRIS, fundaciones empresa, empresas de base tecnológica, emprendeduría, parques científicos, etc. etc. Es difícil saber si el problema está en los instrumentos y su regulación o en las propias instituciones. Pero quizá ya no es el tema en estos momentos.
Las políticas universitarias de los próximos meses
Los ajustes de los mercados imponen fuertes correcciones del gasto. Ahora se comprende mejor el sencillo concepto de "coste de oportunidad" porque la realidad impone sus reglas y el gasto se disputa entre sanidad, pago de medicinas, o alternativamente titulaciones sin demanda, alumnos perennes, o investigación irrelevante.
Así las cosas cabría preguntarse qué modelo seguirá España en un marco donde las fuentes internacionales de inspiración no son nada tranquilizadoras.
Me recuerda Juanvi Sánchez el caso alemán en el que hace ya unos años, detectando cosas parecidas, se decidió dejar morir vegetativamente a las universidades ordinarias y crear cinco grandes federales. En este entorno no sería de extrañar que algunas universidades pasen a ser "colleges" o figuras similares. Estas inquietudes están ya plasmadas de forma implícita en los modelos de los campus de excelencia. Las universidades públicas deben ser competitivas socialmente, aportar valor a través de la formación y la transferencia de la tecnología a nuestro sistema productivo.
Me recuerda Juanvi Sánchez el caso alemán en el que hace ya unos años, detectando cosas parecidas, se decidió dejar morir vegetativamente a las universidades ordinarias y crear cinco grandes federales. En este entorno no sería de extrañar que algunas universidades pasen a ser "colleges" o figuras similares. Estas inquietudes están ya plasmadas de forma implícita en los modelos de los campus de excelencia. Las universidades públicas deben ser competitivas socialmente, aportar valor a través de la formación y la transferencia de la tecnología a nuestro sistema productivo.
Sin embargo, olvidamos que las universidades públicas o privadas a las que no se les puede incluir en el "saco"del fracaso (Stanford, MIT, Harvard, Yale, Princeton, Columbia, Chicago, UC Berkeley, Oxford, Cambridge, Penn, etc.) cuentan en su mayoría con unos quince mil alumnos de media (la mitad de postgrado), lejanas de los macroagregados que se construyen o se han construido en países vecinos como Alemania, Francia, o previsiblemente en España que en algunos casos pueden multiplicar por cinco o seis esa cifra.
Y es que la agregación no mejora la calidad, permitiría tan sólo aparecer o ser visible en el ranking a través de la suma, pero sin ningún cambio cualitativo que nos haga acreedor de ello. Por tanto, quizás no estamos atacando las raíces del problema. De entrada, debería preocuparnos que en la pugna electoral actual, el debate universitario brille por su ausencia y eso que cinco millones de parados piden respuestas.
Andrés Pedreño Muñoz
Andrés Pedreño Muñoz
Como sabes comparto la reflexión y la preocupación y te agradezco la cita. Es tiempo de acción. Nos sirve poco mirar a Estados Unidos. El artículo de referencia es interesante como análisis del estado de situación norteamericano pero ese país no termina de ser un buen referente. Recuerdo una frase de Pedro Etxenique: "En Estados Unidos estan las mejores universidades del mundo, pero también las peores". Lo que pasa es que la imagen exterior se forja con las de referencia, las otras pasan desapercibidas y las de referencia juegan un papel prominente. El autor del artículo escarba y se encuentra con la problemática de la situación promedio, que no es buena, pero tienen a sus "prominentes" para liderar y formar cuadros. Aquí el gris predomina y sospecho que va siendo hora de que se desarrolle de forma efectiva la autonomía universitaria que posibilite su diferenciación, y seguramente su selección darwiniana en la que las mastodónticas tendrán problemas, como los tuvieron los dinosaurios, por su dificultad de gestión. Y las pequeñas ya veremos si se hace efectivo el rumor sobre las fusiones que conduciría a pequeñas juntas constituyéndose en grandes "por adosamiento", por tanto en procesos de interinidad y adaptación que las puede conducir también a la extinción. Insisto, creo que es hora de autonomía universitaria real y que cada cual, mayor de edad, asuma las consecuencias de sus decisiones. Pero no creo que sea un proceso determinable normativamente sino que debe implicar lo más difícil: que el cuerpo universitario tome consciencia de su rol en la sociedad en vez de dedicarse a mirar el propio ombligo.
ResponderSuprimirJuanvi
Juanvi es un privilegio obtener tus refelxiones las cuales también comparto. Mi unica duda es si la vía en la que pensarán nuestros admninistradores es, tal como señalas, la vía de la autonomía universitaria. Sin duda lo deseable, aunque soy partidario de que a la misma objetivos sociales alcanzables vía financiación. Es la forma de legitimarnos ante la sociedad, sus intereses y sus problemas.
ResponderSuprimirSin embargo, el riesgo que veo es que ante la entidad y perspectivas de resistencia a largo plazo de la actual crisis las reformas se quieran hacer rápidas e impuestas por visionarios e inspirados administradores perocupados por reducir el gasto y salir en los rankings.
Las universidades debemos cuidar nuestra imagen ante la sociedad y nuestro crédito ante aquellas instituciones a las que aportamos o debemos aportar valor. Y aquí es donde quizás nuestro balance sea manifiestamente mejorable.
Sin duda que tu magnífica entrada en el blog merece una reflexión.
ResponderSuprimirA mi juicio las universidades españolas (si les toca a las americanas, como no a las nuestras), atacadas del virus de hiperinflación de campus, profesores, alumnos y con la pobreza de resultados prácticos que mencionas y su nula integración en el tejido productivo, les espera una recorte importante como a tantas entidades de derecho público huérfanas del control y de la actividad orientada a resultados.
Presiento para 2012 (sin ir más lejos) disminución de profesorado, presupuestos, cierre de facultades y escuelas y porqué no quizás algún campus. Lo malo es que intuyo que no se quedarán en pie los más eficaces, sino aquellos que más agarre político/presupuestario puedan tener.
También creo que la única viabilidad o al menos la más obvia a medio plazo, sea la de las universidades que se basen en campus on line y formación e investigación 2.0. Algo que hoy por hoy se me antoja lejano en la universidad española.
Fíjate, sin embargo, se detecta en las universidades estadounidenses una clara tendencia a utilizar plataformas online que complementen la universidad presencial. En esto hay que progresar mucho aquí, donde nos hemos quedado anclados.
ResponderSuprimirSí, 2012 será un año duro y habrá que analizar la capacidad de respuesta (en todos los sentidos) de la universidad española. Quizá en algún sentido nos venga bien. Hay que despertar.
Gracias por tu comentario.
Andrés, como habitualmente haces, enfocas el tema con bastante solvencia. Es cierto que las mejoras han sido importantes, es cierto que la Universidad ha activado mecanismos e instrumentos variados para acortar determinados "gaps", también es obvio que muchos de los profesionales que se han incorporado a la gestión de estos instrumentos son valiosísimos profesionales (aunque muchos otros no lo son para esa tarea), y que es muy importante para un país que se haya socializado el acceso a la universidad...
ResponderSuprimirPERO, los resultados no son los adecuados (a veces por exceso y a veces por defecto), ya que el sistema funciona de manera asimétrica, tanto por temáticas como por regiones... haciendo un rápido análisis porque las cosas funcionan mejor en unas universidades / regiones / sectores, al final siempre llego a la misma conclusión: se debe a las PERSONAS que están actuando en los instrumentos creados, que saben entender la trascendencia de su labor, y están capacitadas para ello. En esos entornos se produce un "microclima" que da lugar a la generación "espontánea" de todo lo que adolecemos y deseamos.
Por ello, la formación adecuada de los formadores y "policy makers" que están en este tema va a ser vital... ya que si los que trazan las líneas estratégicas de la Universidad y centros de educación superior no tienen clara la estrategia a seguir no llegaremos a nada.
Gracias por hacernos pensar.
Fidel Rodríguez-Batalla
PD: como profesor en la EOI, coincido que la revolución digital (y de concepto y acción) que se ha producido en los últimos años es digna de elogio.